martes, 6 de mayo de 2008

::: El regreso :::

Vestido con un fino pantalón a rayas y una chaqueta de hilo blanco respiró el olor de la mañana y se ajustó el viejo panamá un año más, cruzando a la otra acera buscando la sombra. Había llegado pronto, no había dudas, y aunque el calendario apenas marcaba los primeros días de mayo sus ansias por regresar le habían podido. Y caminó presumido decidido a recuperar los días perdidos, los meses ausente de Sevilla muy a su pesar. Y se fijó en la alegría de la gente, en los vendedores de lotería que pregonaban la huidiza suerte, en cómo se daban los buenos días los vecinos, en los camareros de los bares sacando las mesas a las terrazas, las que se convertirían a la hora de la cerveza en islas de raciones y tintos de verano. Y olió el aroma de los guisos mientras leía en la pizarra las antiguas tapas añoradas en su destierro. Y el olor de la calle recién regada, y del serrín de la barra. Y sonrió al escuchar canturrear por fandangos a un pedigüeño junto a unos extranjeros que desayunaban en el bar igual de maravillados que él.
Más adelante se le fueron los ojos tras el rojo intenso de las buganvillas que rebosaban por la tapia de un viejo convento, y tras el de las violetas copas de las jacarandas, y sobre los niños que jugaban en el callejón cuando él pasó.
Y visitó ultramarinos antiguos, tiendas de moda, librerías pequeñas y kioscos de prensa. Incluso se dejó limpiar los zapatos por uno de los últimos limpiabotas del barrio mientras contemplaba eufórico cómo colocaban las tradicionales velas, las que proyectarían sus sombras sobre las principales calles, estrechas por su culpa pero encantadoras al fin y al cabo.
Tras mucho caminar entró en una antigua taberna y pidió una copa de manzanilla de Sanlucar, y la saboreó con deleite después de tantos meses. Allí contempló a los contertulios de la mesa de al lado, tres jubilados que ya usaban las antiguas cubanas y los zapatos sin calcetines. Un viejo búcaro se pavoneaba en la esquina de la barra mientras tanto, donde se anunciaba la corrida del Corpus en la Maestranza en un gran cartel colgado de la pared.
Más tarde continuó su camino felizmente, hasta sentarse en un banco de hierro colocado con intención en un esquinita de la plaza, la misma donde se levantaría la velá del barrio dentro de poco y donde tantos novios se arrullarían en las cálidas noches que estaban por venir... Y supo que había regresado.
Y así se fue pasando la mañana de su primer día tras su vuelta a Sevilla, como si el tiempo no hubiera pasado, como si los días de ausencias no hubieran sido más que un pequeño paréntesis obligado. Y don Verano suspiró de felicidad un año más.

19 comentarios:

Ada dijo...

Sorprendente final. Esta personificación del verano ha estado genial. Además, es que Sevilla, es mucha Sevilla...
Mi beso.

Marta dijo...

Me ha encantado, todo está tan bien descrito, que casi me encuentro haciéndole compañía por las calles de Sevilla. No me gusta el verano, hace demasiada calor!!!!

Soledad Sánchez M. dijo...

Un aplauso, José Javier. Una hermosa personificación y unas descripciones que desprenden el calorcillo del final de la primavera. Y como dice Ada, es que Sevilla, es mucha Sevilla.
Enhorauena por este hermoso cuento.

Un beso.

Soledad.

GABI dijo...

Enhorabuena por el cuento. Cómo se nota que entiendes perfectamente lo que sentimos los sevillanos cuando volvemos aquí después de haber estado fuera durante un período de tiempo...

mar dijo...

Que bonito, por un momento me transportaste a esa bonita ciudad como es Sevilla, saboree cada rincon que describias incluso senti el perfume que nunca olvidare de esta ciudad..el olor a azahar...
Muchas gracias por tu visita a mi eclipse, alli siempre tendras un rinconcito por si decides regresar..
Con tu permiso te seguire leyendo.
Un besito y una estrella.
Mar

Mar y ella dijo...

Sin ir me dejastes alli,tu escrito es suave,entretenido...me gusto....
Te agardezco que hayas venido....eres siempre bienvenido..
Saludos...
Mariella

Marinel dijo...

¡Qué bonita personificación de Don Verano!¡Qué sabio es al disfrutar de todo con esa ansia renovada tras la enamoradiza primavera!.
Me ha encantado el relato, de verdad.Yo disfruto con una historia así, como Don Verano de su Sevilla soleada y hermosa y sus placeres...
Un beso,J.J.

Natacha dijo...

Me gustó.
De todas formas el verano en sevilla (lejos de ser una maravilla) es una buena amenaza para no salir hasta la noche. jeje.
Bonito texto.
Un beso
Natacha.

nieve dijo...

Me has transportado a Sevilla, a sus calles, sus gentes, sus texturas, sus olores y colores... y cuando he llegado al final la sorpresa ha sido total y fantástica, quizá porque me encanta el verano, los cambios en las costumbres, la luz intensa, unos amaneceres y atardeceres mágicos... es como si la primavera preparase la explosión de vida que alcanza su plenitud en verano.

Un beso

Graciela dijo...

Vaya! me has dejado el alma impregnada de tu Sevilla por un momento, pronto visitaré tu patria y prometo pasear por ahi, me dá mucha emoción leerte!es mi viaje soñado! Un abrazote inmenso para vos y pasa por mi blog te dejé un meme allí !

LLUVIA dijo...

Me encanta el verano! Don Verano, como tú le llamas. Casi lo he visto pasearse orgulloso por ahí, de bien que lo expresas.:)
Pero me parece que se ha ido enterito a Sevilla ( no es tonto, no jejee ) Y en Madrid tenemos un día lluviosísimo, me he puesto como una sopa, porque no puedo ver a los paraguas.
Pero aquí, tambien volverá don Verano, como las oscuras golondrinas, para que no nos des envidia :)

Un saludito!

sornatalibrera dijo...

Gracias niño, por hacerme recordar por qué Sevilla "tiene un color especial", ese céfiro del oeste me ha traído el aroma del jazmín, del azahar y del anuncio del verano que trae ese calorcillo que poco a poco casi de puntillas nos va llegando, un abrazo, y gracias tambien por tus comentarios, un abrazo, JJ, Nat

lola dijo...

Tu país debe ser hermoso, y en especial describes situaciones de tradición y costumbres de Sevilla, tu descripción nos transporta allí
no conozco tu patria, pero esta narración nos acerca un poco a ella.

Interesante blog. Saludos desde mi México.

mar dijo...

Gracias por pasarte de nuevo por mi blog, espero que pases un buen fin de semana.
Un besito y una estrella.
Mar

Graciela dijo...

Gracias por pasar, corazón...un abrazote y feliz fin de semana para vos.(pasaré a leer cuando postees nuevamente mientras leí de nuevo este...que bonitooo!)Hasta pronto!

@Patrulich dijo...

Muy cálido tu relato, José. Me he imaginado todo el trayecto a medida que avanzaba en la lectura. Muy bueno!
Un beso desde este otoño en Argentina

borrasca dijo...

J.J. Que bien recreas el verano en tu hermosa Sevilla, tal cual es.
No dejo pasar una promesa y estoy segura que seguirás pegadito a mí, es que no puede ser de otra manera, tú eres Céfiro el dios del viento fructificador y yo soy borrasca, por tanto me subo a tu grupa y ya veremos hasta donde nos llevan nuestras isobaras.

Besos borrascosos

Xesca dijo...

No he tenido la suerte aun (y digo aun porque algún será que sí) de conocer Sevilla, me hablan maravillas de esta tú ciudad, y ahora leyendo este post todavía me han entrado muchísimas más ganas de conocerla.

El verano va y viene, se aleja y regresa nuevamente, pero seguro que ahí tiene un olor, un color y un ambiente muy especial, estoy convencida.

Mar R. dijo...

Que hermoso paseo por esa Sevilla nuestra, que se da a todo aquel que quiere conocerla, en cuestión de minutos al leerte, se siente cada rincón como si realmente se estuviera allí.

Saludos